Por Alejandro Ramírez Morón
“Allí los dos hombres debatieron los pros y los contras de ordenar la
muerte del candidato Galán. Ambos llegaron a la conclusión de que la tormenta
que desatarían podía destruirlos, pero Pablo señaló que si Galán llegara al
palacio presidencial podría destruirlos también. Se decidió matar a Galán”.
(KILLING PABLO / Mark Bowden / Pag.
100)
Se sataniza la figura de Pablo
Escobar. Es verdad que era un criminal, pero, ¿no fue contado el mismo Cristo
entre los criminales? Tampoco es cosa de subir a un altar a Escobar. Creo que
es cosa de justipreciar su voltaje: Pablo Escobar era un genio puro y duro. Un
genio del crimen. Pero un genio al fin. Era una especie de Picasso del crimen.
El problema con el patrón es que se le iba la mano, y luego ya no sabía cómo
enmendar la plana.
Por ejemplo, ordenaba volar en
pedazos una librería de Bogotá, y había niños de 8 años que resultaban con los
deditos de la mano mutilados. Justos por pecadores. Es verdad. Yo, en lo
personal, siento una gran fascinación por la figura de Pablo Escobar. Me parece
un personajazo. Llegó a estar rankeado por Forbes como el 7mo hombre más rico
del mundo. “El problema con nosotros es que no tenemos dónde guardar el
dinero”, dijo una vez, en torno a la banca.
En Colombia,
o se le ama a rabiar, o se le odia con todas las fuerzas. Nadie puede negar que
hizo gala de una cierta extravagante sensibilidad social. Una vez RCN le
preguntó por qué tenía tanto dinero, qué hacía con él. El patrón respondió que
su fortuna obedecía a una función social que él cumplía, y que eso todo el
mundo lo sabía. No era Teresa de Calcuta. Pero a menudo hizo más por los pobres
de Colombia que un montón de políticos de medio pelo.
Desde mi modesta óptica, la historia
lo absolverá. Hace no mucho en un río de las afueras de Bogotá comenzaron a
emerger algunos hipopótamos. Se descubrió que habían pertenecido a Pablo
Escobar, quien en vida hizo traer un montón de animales salvajes de África,
para tener en casa su propio zoológico particular. Los años han pasado. La TV
colombiana ha recreado el personaje con rotundo éxito de rating. “Ya fue”, como
dicen los argentinos.
Escobar llegó a mover aviones con
toneladas de cocaína. No la consumía, pero era el zar de la cocaína. Lo suyo
era la marihuana. Pasaba todo el día fumando marihuana. Una vez dio una fiesta
en su mansión, y descubrió a uno de los invitados robando algunas joyas. Lo ató
de manos y pies, y lo lanzó al fondo de la piscina, hasta que el elemento en
cuestión murió ahogado. “Esto es lo que pasa a quien roba a Pablo Escobar”,
alzó la voz ante el grupo de convidados.
“No matarás”. Es uno de los 10
mandamientos. Eso es verdad. Queda claro que el patrón era cualquier cosa menos
un santo. Pero nadie podrá negar que era un genio puro y duro. Un genio del
crimen. Pero un genio al fin. Para mi gusto, sin duda, era el Pablo Picasso del
crimen.
FIN
