Por Alejandro Ramírez Morón
Los Miserables, de Víctor Hugo. Si Pablo Escobar era Jean Valjean, César Gaviria era –sin duda- el obstinado policía Javert. Podría decirse enteramente que el archi enemigo por excelencia del Señor Matanza fue siempre el ex presidente Gaviria, quien años más tarde tendría en las arenas políticas venezolanas un rol sinceramente muy lastimero.
Hay varias cosas acá. La clase alta bogotana. Rancia y excluyente. Una tradición de violencia que se va hasta finales del siglo XIX, con los bandoleros en las montañas neo granadinas, y encuentra su quintaesencia en el advenimiento de Escobar a la escena del narcotráfico internacional. Son dos Colombia que marcharon en paralelo, como la esposa y la amante (la otra). Como el día y la noche. Colombia la políticamente correcta; Colombia el principal exportador de cocaína del orbe.
El patrón era un mafioso realmente feroz y despiadado. Por eso Gaviria llega a estar convencido de que Escobar lo hará perecer, más temprano que tarde, a manos de sus sicarios, de alguno de sus hombres. Coinciden en la sede del Parlamento en 1983, en un encuentro que revela cómo la política (vayamos una vez más a Tolstoi) tiene al menos dos caras: la guerra y la paz.
Gaviria logra incluso encarcelar a Escobar, en un momento de su trayectoria como genio del crimen; no precisamente en la curva más alta de la misma, dicho sea de paso. Logra encarcelarlo, pero Pablo pone cuanta condición desea, desde alberca hasta canchas deportivas, pasando –claro- por las bondades del sexo con quinceañeras y otras exquisiteces por el estilo. Harto. Gaviria estaba harto. Logra encarcelarlo, pero –no contento con haber impuesto un presidio a su medida, como anillo al dedo- un día Escobar huye por un túnel subterráneo que ordena cavar desde el día #1 de su encierro. Cuando lo tiene listo, y piensa que ha llegado la hora, huye, como siempre.
Decía Don Vito Corleone, ese personaje emblemático creado por el genio de la novela de la mafia, Mario Puzo, que a los amigos hay que tenerlos cerca, y a los enemigos todavía más cerca. En cierta medida, escribe Puzo en El Padrino, Don Corleone “también era un genio”. Ficción y realidad se persiguen infinitamente, pelean, se juran la muerte, pero siempre gana la realidad. Escobar viene a ser la versión en carne y hueso de ese criminal de frac y rosa en el ojal que pinta el maestro Puzo. Los enemigos más cerca. Esa es la flor de todo esto.
Y es que las enemistades también van acumulando momentos memorables, como los matrimonios, las logias de masones o los Boy Scout. Un álbum de familia. Fotografías del odio, que se atesoran como joyas. En una ocasión, el patrón ordena volar un avión de Avianca en el que viajaría César Gaviria. Al político le dan el pitazo a tiempo, y evita abordar el vuelo en cuestión, pero no hace nada por detenerlo, de modo que el avión igual estalla en mil pedazos en el aire y muere toda la tripulación. ¿Quién hizo gala de mayor crueldad? ¿Escobar o Gaviria?
FIN

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