lunes, 25 de febrero de 2019

DON'T GET SENTIMENTAL



Por Alejandro Ramírez Morón 

En el verano de 1983, Pablo ya era un conocido criminal para las fuerzas policiales de todo el mundo, pero fuera de Medellín los colombianos no lo conocían tanto”. (KILLING PABLO, Mark Bowden, Pág. 63)

Pablo Escobar no era precisamente un erudito. Es verdad que era un genio del crimen, pero si algo queda claro, es que el genio no necesariamente debe estar facultado para dictar cátedra en Harvard. Un genio solo domina a la perfección una técnica. Ahí está Juan Félix Sánchez, un modesto andino venezolano que levantó prodigios de barro sin haber pasado nunca por una facultad de arquitectura. Hay genios de a pie. Era el caso del Señor Matanza.

No se ponía sentimental. Le tocó un poco lo mismo que a Fito Páez: hacer el bien, y al mismo tiempo, hacer el daño. Era algo técnico. Tan sencillo. Sobre su calidad humana abundan los relatos. Desde los que ha recogido la prensa a posteriori en entrevistas a sus vástagos, hasta los testimonios que deja una de sus amantes más conspicuas: la artista Virginia Contreras, quien hace un libro con revelaciones sobre su vínculo sentimental con El Patrón.

Pero no sé quién dice que sólo una persona superficial no juzga por las apariencias: basta ver una foto de Pablo Escobar (Google imágenes es suficiente) para verificar en su mirada una inocencia intacta, una ligereza de paisa común y corriente, unas pupilas negras de cholo cualquiera, si bien Forbes lo llega a rankear como el 7mo hombre más rico del mundo. Es decir, yo -en lo personal- creo que era más bien una buena persona. Pero este mundo es un valle de balas; un destierro.

Todo negocio tiene una ética. Incluso las prostitutas tienen sus códigos, sus límites, sus puntos de honor. El crimen, la mafia, o como quiera que se le llame, también tiene gente buena, regular y mala, mayor o menormente dotada de ética, de barreras morales, de linderos. Es posible que los negocios de Escobar no fueran la venta de golosinas, pero estoy seguro que su gang hacía gala de mayor hidalguía que un montón de otros gangs que quizás entendían de modo menos altruista la venta de narcóticos a gran escala. Había una guerra por los más pobres “in between”.

Sobre las sustancias y su consumo, ya Fernand Braudel ha dejado una pequeña pero muy completa obra llamada “Bebidas y excitantes”: allí se revisan desde el rapé hasta el agua, pasando por la cerveza y el vino, hasta llegar al tabaco, hoy tan fuertemente condenado en el orbe, por la profusión de muertes que deja el cáncer. Uno podría decir que con la manzana de Adán, nacen al menos tres cosas: la restauración, el fashion, y el crimen.

De modo que para mí no cabe duda de una cosa: Pablo Escobar fue un traficante de drogas temible, acaso entre los 5 más peligrosos de la historia. Pero es abordar el hecho histórico desde la candidez más supina pretender que los malos solo están detrás de una pistola con los seriales desbastados. Dice Charly García algo muy cierto: “los malos de la historia, son los héroes cotidianos”. Lo ha dicho el papa Francisco: también hay una “mala fe”. Muchas señoras de rosario diario, misa semanal y penitencia mensual irán muy fácil al Averno.

FIN

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